San Martín de los Andes

Es increíble como un lugar, un instante, un paisaje o una persona te pueden cambiar tantas cosas dentro tuyo, a veces de inmediato, otras veces después de mucho tiempo, cuando sacas las cuentas por ejemplo. En San Martín de los Andes me pasó por primera vez esto, todo a la vez y sin notarlo hasta que agarré el mapa y elegí San Carlos de Bariloche como siguiente destino.
Esto data de por lo menos 5 años ya… Pero sigue siendo como ayer.

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nublada bienvenida

En mi llegada a San Martín de los Andes me encontré con un día nublado que no opacó mi deslumbro por las montañas ni por el verde color que me rodeaba, más bien fue una extraña bienvenida que me decía “vamos a lavar los prejuicios que tenés…” Yo no lo entendí al momento, de a poco lo fui comprendiendo, a medida que pasaba el tiempo. Dejé mis cosas en el hostel, tenía algunas dudas porque nunca había tenido un cuarto compartido, era algo raro, digamos que “nuevo” sería la mejor palabra. Hable con la gente de la recepción y luego de recorrer el hostel y dejar mis cosas, salí…

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el hostel donde me hospedé

Así que compré un paraguas, me puse los auriculares y salí a descubrir la ciudad y su encanto. Sinceramente no estaba muy seguro que estaba haciendo ni mucho menos que esperar de todo esto, así que de a poco me fui dejando llevar.

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lago Lacar

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botes en el lago

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en el muelle

Caminando llegué al Lago Lacar, las nubes se alejaron un poco y paró la lluvia por un instante. Comí algo, tome un té y volví al hostel, me quería bañar.
Tímidamente charlé con mis compañeros de cuarto acerca de que hacían y sus historias, de como habían llegado aquí. Una cena rápida en el hostel y planes para ir al cerro Chapelco cerraron la noche.

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yo me acosté ahí, a la sombra de ese árbol

Por la mañana la lluvia había cesado y fui al cerro a conocer la montaña como corresponde, nunca me la habían presentado excepto en libros e internet…
En la base del cerro tome un chocolate para entrar un poco en calor, era febrero pero hacia mucho frío igual! Ascenso en la telecabina y fotos, muchas fotos.

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en el cerro Chapelco

Me senté por unos minutos y prendí un cigarrillo, en la calma de la montaña de repente todo empezó a encajar como si fuera un rompecabezas, las piezas entraban sin esfuerzo, recuerdo que estaba escuchando Frost, banda de rock progresivo, y me sentí muy feliz, fue un instante que me cambió…
Felicidad y libertad puntualmente, estuve horas en el cerro ya que sentí no me podía ir y dejar este lugar atrás sin saber si volvería algún día.

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ahí estoy yo! En el cerro

5 PM emprendí mi regreso, otra vez salí a caminar pero esta vez por el casco histórico, pedí un mapa y marqué los lugares de interés. A las horas en el hostel me percaté que la guía en su reverso tenía un mapa de la zona y sus alrededores, fue ahí cuando vi que Bariloche estaba demasiado cerca como para dejar pasar la oportunidad de conocerlo. Tenía muchas dudas en ese momento pero en la cena y vino de por medio, me convencí de por lo menos ir a averiguar a la estación de buses por el viaje la siguiente mañana.

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en Hua Hum

Me levanté, me bañe y partí decidido a comprar el pasaje a Bariloche, de paso compré un pasaje a Hua Hum, lugar limítrofe a Chile, quería conocer algo más antes de partir.
El día se me pasó tan rápido, charlé con unos mochileros, di algunas vueltas y me tiré en el pasto a descansar, no tenía preocupaciones ni temores, estaba completamente en paz con el verde que me rodeaba. Volví a la ciudad y esta vez salí a cenar sólo, quería ponerme las cosas en claro y juntar coraje para empezar a viajar. Cordero patagonico y cerveza artesanal sirvieron para saber que esto era lo que realmente quería hacer, viajar y conocer lugares nuevos, su cultura, su gente, sus ámbitos diarios.

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en el bus camino a Bariloche

Preparé todo y con mi bolso listo, por fin dormí tranquilo en mucho tiempo, sentia que empezaba lo que realmente cambiaría mi concepción de las cosas y me sacaría muchos de mis prejuicios.
Y así fue, 9 AM partí a San Carlos de Bariloche, el viaje que cambiaría todo recién comenzaba…